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REFLEXIONES DE HACE UN SIGLO CON PLENA VIGENCIA HOY

El CIPU- Centro de Industriales Panaderos de Uruguay- edita desde Junio del año 1922 su revista que refleja toda la historia de la panadería en el país. “La Industria Panaderil” se mantiene plenamente vigente desde entonces y las ediciones de éstos meses uno puede ir recorriendo los acontecimientos importantes que fueron sucediendo en estos casi 100 años en la panadería uruguaya. Se acaba de editar la edición de éste mes de Agosto y nos detenemos en el editorial que su Presidente Alvaro Pena rescata de hace casi un siglo. Y lo hace porque tiene una gran validez para nuestros días.

“Repasando las páginas de nuestra revista, con motivo de los próximos cien años de publicación de la misma, encontramos un editorial escrito en setiembre de 1926, que nos llamó la atención por la actualidad que tiene, tras noventa y cinco años de haber sido escrito. Nos pareció interesante, entonces, compartir con nuestros lectores dicho artículo que bajo el título de “VENDAMOS A BUEN PRECIO”, decía: “Así como existen dos ambiciones existen dos envidias, la mala y la buena, aunque esta última es muy poco conocida. La ambición sin fundamento al igual que la mala envidia nos llevan a la perversidad y a la desesperación; moralmente nos aniquilan.” “En cambio, la sana, la noble ambición –que debe poseer toda persona de elevarnos, de superarnos día a día, nos conduce a una moral superior; y descubrimos en nosotros mismos, una segunda personalidad que jamás soñamos ser. La buena envidia ejerce sobre nosotros igual dominio y nos da el mismo resultado.” “La gran envidia ejerce de fuerza propulsora, que nos hace igualar al vecino superior, en lugar de derramar veneno. Esto sucede en lo moral y en lo intelectual.” “En el comercio, debe suceder lo mismo, dado que es un trabajo intelectual. Para ser buen comerciante se necesita inteligencia como se necesita para ser buen médico o abogado. La prueba de que el comercio es un arduo trabajo intelectual, para el que se necesita una especial inteligencia, es que grandes intelectuales fracasaron en él.” “Al abrir un comercio, lo hacemos con el fin de prosperar, de agrandarlo día a día, y entran aquí en actividad la ambición y la envidia; la ambición porque queremos progresar; la envidia porque queremos sobrepasar al vecino; pero es éste el momento en que debemos cuidarnos para no sufrir un engaño. Debemos progresar, pero debemos saber prosperar, y aquí es donde se nota nuestra inteligencia. Igual nos pasa con la envidia; no es sólo igualarnos y sobrepasar al vecino, hay que saber hacerlo, y para ello se requiere mucha inteligencia, dado que es una lucha con otra inteligencia.” “Desgraciadamente, al menos en nuestro gremio, muchos no saben distinguir la gran diferencia que existe entre una y otra ambición, entre una y otra envidia, y es por eso el mal proceder de los mismos. Un señor cualquiera, abre una panadería con la ambición única de “mojar muchas bolsas” y vender más barato que el industrial más cercano; y este caso se multiplica como todo lo malo, con gran perjuicio para el gremio en general.” “¿Es de persona inteligente exponer un capital propio o ajeno, a ese solo fin?” “Esta pregunta, sola se contesta.” “La importancia de una panadería no se cuenta tanto por la cantidad de kilos de pan que fabrica, como por su calidad y precio a que está vendido; y esto se justifica desde que el valor del comercio está en relación directa con la ganancia que proporciona. A pesar de esto, son muchos los que creen que la importancia está en relación con las “bolsas que mojan”.

“Algunos piensan que en la mucha venta está la ganancia y es éste un grave error, en su relación con nuestra industria, desde que no compensa, no sólo nuestro trabajo personal y el de nuestra familia, sino que el capital comprometido no reditúa el interés que debe. Se puede vender mucho y barato en ciertos comercios y para esto se necesita un inmenso capital, que no es –ni con mucho- el que posee el más rico de los panaderos de nuestro país.” Repetiremos, una vez más, que si ambicionamos progresar, y si tenemos envidia del vecino y queremos adelantarlo, debemos vender bien el pan. Si vendemos más barato que el vecino, lo más seguro que obtendremos con eso, es que aquel rebajará sus precios, y así, en competencia ruinosa, vamos derechito a la fundición. En cambio, si vendemos al mismo precio o mejor, un artículo superior y con una gran presentación, no sólo no sufriremos pérdidas, sino que obtendremos ganancias a base de una mejor y más selecta clientela.” “No debemos olvidar –ya lo decimos en este mismo artículo- que la ambición y la envidia no deben ser nunca fuerzas destructoras y sí fuerzas creadoras. Sepamos aprovecharlas para nuestro bien y para el bien general del gremio.” Como se verá, algo en lo que es bueno recapacitar, más allá de que la referencia hace noventa y cinco años era hacia el pan, y hoy esa referencia debe ser hacia la gran diversidad de productos que elabora y vende la panadería. Pero la realidad nos muestra que poco ha cambiado y que siguen existiendo quienes malvenden su producción sin importar la calidad del producto, afectando así –como bien se dice en el añejo editorial- a todo el gremio. Es de esperar que no tengan que pasar cien años más, para que esto pueda corregirse.”

Acceda a la revista del CIPU: http://www.cipu.org.uy/wp-content/uploads/2021/08/revista-agosto-2021.pdf

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