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PERSPECTIVAS PREOCUPANTES DE PANADEROS ITALIANOS

La Federazione Italiana Panificatori Pasticcieri e Affini expresa su gran preocupación por las perspectivas que presenta Italia y toda Europa ingresando cada vez más en una economía de guerra. Con inflación creciente y racionamientos energéticos cada vez más probables. Y sugieren a sus asociados y al gremio en general a moverse inmediatamente, pues, dicen, mañana puede ser demasiado tarde. Un verano caliente, un otoño caliente, el panorama es preocupante, pero hay que reaccionar, y hacerlo rápido…

Nunca antes septiembre ha venido bajo el signo de la incertidumbre y la preocupación por cómo serán los próximos meses. Sería demasiado fácil enumerar las razones que llevan a nuestras empresas al pesimismo y al desánimo: los costes energéticos descontrolados y los de las materias primas agroalimentarias -y del trigo en particular- que experimentaron un aumento aterrador de precios incluso antes de la congelación de cereales debido a la guerra en Ucrania. El tímido reinicio de las salidas de buques graneleros del Mar Negro (hasta la fecha poco más de 500 mil toneladas en un mes, frente a los cinco millones que se exportaban antes del conflicto) tiene más sabor a señal de esperanza que de certeza sobre el futuro. Por lo tanto, se espera que un otoño difícil sea seguido por un invierno que corre el riesgo de congelarse desde todos los puntos de vista: de calefacción, por supuesto, pero también de ventas que inevitablemente sufrirán las consecuencias de los aumentos de costos muy fuertes: la energía en primer lugar,  erosionando fuertemente el poder adquisitivo de las familias italianas.

Según informó el ISTAT en su informe anual 2022 sobre el estado del país, los precios al productor de los bienes vendidos en el mercado interno en mayo marcaron un aumento tendencial de 42,7 por ciento.

Desafortunadamente, esta es una situación que parece carecer de soluciones simples e inmediatas, con lo que las empresas probablemente tendrán que convivir durante mucho tiempo con la esperanza de que la situación no empeore más. Hemos entrado pues en una situación que presagia una economía de guerra, con racionamiento energético y de materias primas. La inflación en la zona del euro ahora supera el 9% y las existencias de gas italianas, ahora en poco menos del 80%, no parecen ser suficientes para el invierno que se acerca rápidamente.

Aún según los análisis del ISTAT, una reducción adicional del 10% en el suministro internacional de energía y agricultura llevaría a aumentos de costos de casi un 27% en el costo de la energía y un 23,6% en relación con los alimentos y bebidas, y las previsiones en estos días indican una alta probabilidad de nuevos aumentos sustanciales en el precio del gas. “Por tanto, un primer problema inmediato que hay que afrontar es garantizar el suministro de gas a los panaderos italianos y, al mismo tiempo, iniciar rápidamente una mesa de cadena de suministro -en particular con la industria molinera, nuestro primer interlocutor- para controlar y gestionar una situación en cuanto a posible que solos difícilmente podríamos afrontar. En este escenario poco tranquilizador, habrá que tener en cuenta también la expiración, a finales de año, de nuestro contrato nacional de trabajo.”

Las organizaciones de trabajadores presentaron sus solicitudes que, previsiblemente, no podían dejar de tener en cuenta los datos inflacionarios que afectan a todos, especialmente a los de menores ingresos. De acuerdo con la práctica establecida, en los próximos meses los sindicatos ilustrarán sus solicitudes y, posteriormente, se convocará a los órganos federales para que expresen sus valoraciones. Pero no cabe duda de que si la situación global de costes fuera tal que pusiera en crisis la vida misma de las empresas, no sólo saldrían perdiendo los panaderos, sino también cientos, probablemente miles, de trabajadores del sector. En un escenario ya de por sí muy preocupante, se insertan algunos elementos específicos de nuestros pequeños comercios que, si bien han superado bastante el difícil bienio de la pandemia, hoy se encuentran nuevamente luchando contra una contracción del consumo de pan.

Tal como destaca el informe del ISTAT, en la primera fase de la pandemia “Entre las actividades laborales familiares, la preparación de comidas es la que más personas involucró (63,6 por ciento). Vivir en una familia reunida durante más horas del día también llevó a dedicar más tiempo a cocinar: un tercio de los encuestados lo hacía, sin diferencias de género. De hecho, durante la primera fase de la epidemia se redescubrieron algunas de nuestras tradiciones gastronómicas, como la pizza, el pan o los postres caseros, como demuestra también el aumento de la demanda de harinas y harinas para uso doméstico”.

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