Una investigación llevada a cabo por la Organización Mundial de la Salud (OMS), completada por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, y una Fundación privada, considera que se observa un aumento en el peso de la población, pero que el pan contribuye de manera decisiva a una dieta saludable. Esta iniciativa permite conocer de forma pormenorizada qué es lo que comen los individuos. Algo que, en general, las asociaciones especializadas en nutrición analizan seriamente, sobre todo en los ámbitos infantil y juvenil, donde han empezado a detectarse preocupantes crecimientos en la incidencia de la diabetes tipo 2, asociada a la obesidad y el sedentarismo. De hecho este problema ya se ha detectado como grave, y ya se están llevando a cabo actualmente en muchos paìses programas y acciones de consumo de fruta en las escuelas, y que formen parte de la dieta diaria, por los beneficios que ello comporta para la salud de la población escolar y sus familias.
Dicha investigación también sirve para determinar la presencia de contaminantes y otras sustancias en los alimentos que una persona consume en su dieta habitual. Así se posibilitará, por una parte, limitar el volùmen de estas sustancias a los valores considerados como seguros, así como mantener la ingesta de nutrientes en los niveles recomendados oficialmente. Algunos estudios similares descubrieron en otros países, por ejemplo, déficit de yodo o de ácido fólico, causantes de diversas enfermedades, y permitieron tomar medidas para enriquecer determinados alimentos con esos nutrientes.
Las sustancias químicas cuya presencia en alimentos se analizan son los productos fitosanitarios (plaguicidas), contaminantes (por ejemplo las dioxinas producidas por la industria), micotoxinas (producidas por los hongos), medicamentos veterinarios, aditivos (sulfitos, nitratos, benzoatos), acrilamida y benceno.
Que algunos digan que el pan engorda no sorprende, después de tantos años sintiendo la misma y canción, al final se acaba asumiendo como algo habitual. Pero la clave es hacer una dieta sana.
LA DIETA CORRECTA
El primer paso consiste simplemente en elegir la dieta correcta. Wahrburg Ursel, profesor de Ciencias de la Nutrición en la Universidad de Munster en Alemania, ha dicho que todos los que quieran perder peso o mantener su peso, deben ingerir entre 200 a 250 gramos de pan al día, es decir, aproximadamente 4 a 5 porciones. El pan era desde tiempos inmemorables “una parte integral de nuestra dieta”. Especialmente el pan de trigo entero (pan integral). El profesor en su artículo dice bien cuando recomienda una ingesta diaria de pan en nuestra alimentación diaria.
Dicen “que no hay comida que te haga ser más gordo o más flaco”. El problema con la obesidad es que se consume demasiado, ese es el problema. Pero a lo que iba, el nutricionista Wahrburg Ursel certifica que el pan “es un componente importante de una dieta saludable”. Del valor nutricional del pan y otros productos de pan que contienen granos y semillas son ideales en la dieta diaria. Ello se debe principalmente a las vitaminas, minerales y oligoelementos. En particular, en el pan, las vitaminas pueden llegar a las del grupo B. En comparación con la leche o de carne de cerdo, algunos tipos de pan proporcionan la mayor parte de las siguientes vitaminas: vitamina B1 (también responsable del buen funcionamiento de los nervios y los músculos del corazón), B2 (juega un papel importante en el crecimiento y el metabolismo de las proteínas y en la sangre), B6 (importante para el sistema nervioso), (niacina, una vitamina B) y ácido fólico. También contiene los minerales y oligoelementos, calcio (importante para los huesos y los dientes), fósforo, magnesio (la función muscular), potasio (para regular el equilibrio del agua), hierro (sangre), el zinc y el manganeso.
EL PAN ES UNA FUENTE DE ENERGÍA IDEAL.
Se compone aproximadamente de un 50% de hidratos de carbono complejos, que el cuerpo los convierten en energía. Algunos tipos de células dependan exclusivamente de la ingesta de hidratos de carbono. Estos hidratos incluyen las células rojas de la sangre, sino también el cerebro. Para una dieta sana, ¿qué se prefiere? menos grasa o menos carbohidratos. Otro nutricionista Christine Romans Luthi (Berna), se pregunta: ¿Cuál es la mejor opción: reducir los carbohidratos en la dieta y/o el contenido de grasa? Según estudios, no hubo diferencias significativas con el mismo consumo energético. Pero eliminar o restringir los hidratos de carbono es nada bueno; los hidratos de carbono son el combustible preferido del cuerpo porque se pueden convertir rápidamente en glucosa para proporcionar energía. Las comidas que incluyen proteínas y carbohidratos ralentizan la velocidad a la que el cuerpo absorbe los hidratos de carbono y proporcionan una energía más duradera”. Está claro que los productos con alto contenido en salvado, cereales y semillas son especialmente recomendados para una dieta sana.
La llamada dieta del “supermercado” no es nada recomendable. Este tipo de hábitos de alimentación, denominada “dieta de supermercado” o “comida chatarra”, conduce en muchas ocasiones a la desnutrición puesto que la aportación de los nutrientes esenciales es nula. Al mismo tiempo contribuyen a conseguir un aumento de peso. Una alimentación equilibrada tiene que tener una amplia base de hidratos de carbono complejos (cereales integrales, pan, pasta, arroz integral, patatas, legumbres, etc., mucha fruta y verdura (contienen fibra, vitaminas y minerales), aceites vegetales no refinados y pescado azul. Alimentos como los lácteos, la carne y los huevos han de ser ingeridos en menor cantidad. Otros, como el azúcar o los alimentos procesados industrialmente y las grasas saturadas hidrogenadas se deben reducir en una alimentación sana. La alimentación también se educa. Las panaderías tradicionales tienen por tradición una bien ganada fama de saber hacer, es por esa razón que tenemos en nuestras manos una importante influencia en el consumidor; usarla adecuadamente para educar a las madres y padres es hoy en día del absolutamente necesario.

