En LLEIDA, una ciudad antigua de Cataluña, en la zona nordeste de España, los Panaderos y pasteleros advierten que la crónica falta de mano de obra se agudiza: «Estamos peor que antes». Aparte del personal cualificado, ahora también afecta a lo que atiende al público en las tiendas. Aseguran que no hay gente «motivada» que esté dispuesta a trabajar durante los fines de semana.
Elena Montañés comenta en su nota que hace años que los panaderos y pasteleros manifiestan sus dificultades para encontrar personal cualificado y formado para las tareas en el obrador. Ahora, además, añaden que también tienen más problemas para encontrar personal que atienda a los clientes. «Estamos peor que antes«, señaló Manel Llaràs, miembro de la junta del Gremio de Panaderos de las Tierras de Lleida. Según explicó, mientras que hace unos años el problema sólo afectaba a la falta de personal cualificado en las tareas del sector, ahora se ha agravado por la falta de trabajadores en general.
Una opinión que comparte el vicepresidente del Gremio de Pastelería de Lleida, Carles Ribes, quien subrayó que pese a que las condiciones en este sector hayan cambiado y se hayan modernizado, incorporando más maquinaria, no hay personal «suficientemente motivado para trabajar». Ribes apuntó que parece que ahora «todo el mundo quiere ser funcionario y no todos pueden serlo». Asimismo, señaló que en la actualidad ya no existe la figura de aprendiz, por lo que cree que en un período de diez a quince años muchos de los oficios, sobre todo manuales, desaparecerán, “porque no tendrán sucesión”, aseveró.
El presidente del Gremio de Forners, Toni Frías, aseguró que esta situación comporta una incertidumbre compartida entre todos los miembros del gremio. Consideró que en la actualidad la mentalidad de los trabajadores es otra, de forma que «es complicado encontrar tanto personal cualificado como sin calificar». Por su parte, Manel Llaràs aseguró que en algunos establecimientos del sector se han visto obligados a modificar sus horarios para sacarle el máximo rendimiento a su actividad. Atribuye parte del problema a que ahora las prioridades laborales han cambiado. Mientras que «antes se consideraba normal trabajar siete días a la semana», ahora «los jóvenes ya no quieren trabajar los sábados y domingos». Por eso, añade que en su caso han tenido que “moldearse a las necesidades y demandas de los trabajadores”, modificando los horarios. «Hay quienes dejan de abrir por la tarde porque no los compensa», aseguró. Frías añadió que, pese a la flexibilidad horaria y adaptación que están llevando a cabo, «algo que nunca antes habríamos imaginado», no hay forma de encontrar personal.
Es una problemática que afecta cada vez a más sectores. Ante esta situación, el Instituto Municipal de Empleo (IMO) forma y facilita la incorporación al mercado laboral entre 100 y 150 personas en oficios con gran falta de mano de obra.
By – ELENA MONTAÑÉS

