El sector de la panadería se puso de luto por la pérdida de Andreu Llargués, Presidente histórico del Gremio de panadería de la Provincia de Barcelona durante treinta años y una figura prominente en la Asociación Internacional de Panaderos. Murió el 30 de octubre a la edad de 84 años, y ha dejado un legado histórico y una impronta profunda en el oficio. «Es un gran privilegio hacerme PRESIDENTE DE HONOR. Sin embargo, lo que nunca haré es ponerme en las decisiones del nuevo equipo. Si necesitan una propina o me piden opinión, siempre me tendrán. Sin embargo, continuaré vinculado porque considero que es mi casa hasta que muera. Estas declaraciones son parte de la última entrevista dada por Andreu Llargués y publicadas por NEWSPA meses antes de su fallecimiento. En esa larga charla, quien fue presidente del Gremio de panadería de la provincia de Barcelona durante tres décadas, reflexionó sobre el futuro de la panadería en estos términos: «Con el escenario actual de guerras, revueltas y la situación de incomodidad. Desde España, el futuro es lo que tenemos que ganar al ver estas perspectivas comerciales y preguntar a dónde podemos ir. El pan es un alimento que, en el momento que no queda nada, con el pan las personas pueden sobrevivir. Es una fortaleza inmensa. Una fortaleza que se ha resistido desde que comenzó el mundo. Por lo tanto, un sector como este tiene un futuro. Pero lo repito nuevamente: juntos buscamos formas de salir de todas las crisis allí y juntos podemos encontrar caminos. Una sola persona no encontrará caminos y, por lo tanto, mi compromiso aquí es que tenemos que ir juntos para ir a la administración y buscar estos caminos del futuro que necesitamos. Estas palabras, unos meses después de su traslado, en la mañana del 30 de octubre, forman su legado intelectual, vital y profesional.
Arquitecto Llargués? Nacido en Mollet del Vallès el 11 de septiembre de 1940, fue la cuarta generación de la Panadería Llargués, establecida en 1878 por su bisabuelo, y se dedicó al negocio familiar durante 48 años. “Sin embargo, poca gente sabe que él quería ser arquitecto”, revela Jordi Andreu Llargués Cleries, uno de sus tres hijos. “De hecho, empezó sus estudios, pero tuvo que dejarlos porque murió su madre y tuvo que hacerse cargo del horno familiar”, explica. «Además, antes de eso, también estudió unos años la carrera de Derecho para poder tener más permisos en la mili, que hizo en Cartagena, y poder venir a ayudar al padre al horno», narra. “Sea como fuere, lo cierto es que Andreu Llargués no entró en la panadería porque tuviera una gran vocación como panadero. Pero lo indudable es que, una vez que entró, fue hasta el fondo”, reflexiona. “Pasamos momentos muy difíciles en mi casa, muy, muy difíciles”, recordaba Llargués en la citada entrevista sobre esta época, cuando le preguntaron sobre los sus recuerdos más felices como panadero de Mollet. “Diría que el momento que volví de la mili y abrimos la primera sucursal, junto a mi mujer y mis hijos también que me han apoyado. Gracias a ellos hemos llegado a donde estamos. Éstos serían mis momentos más felices”, aseguraba. Una vez establecido como panadero, Llargués empezó su actividad en el ámbito del asociacionismo desde muy joven, siempre en defensa del sector y demostrando un gran sentido de la justicia y la reivindicación. «Era una persona muy inquieta en todos los aspectos de la vida: social, política, gremial… Era un hombre que se mojaba», destaca su hijo. “Entró a mediados de los años sesenta en la Junta Directiva Intercomarcal de la Asociación Provincial Técnica de Panaderos, que era el ente precursor del actual Gremio, en una época en la que los gremios estaban interditados por Franco”, recuerda Carme Pifarré , quien trabajó a su lado durante toda su presidencia. “Como secretaria general del Gremio, tuve la suerte y el privilegio de trabajar a su lado, como en su mano derecha, desde su nombramiento y hasta mi jubilación en el 2018. Siempre me hizo sentir valorada y reconocida, y esto me dio la confianza para afrontar los distintos retos que nos marcamos y que logramos conjuntamente”, asegura. “Llargués fue directivo para la comarca de Granollers hasta que sus dos hijos Jordi y Sergi pudieron tomar las riendas del negocio. Una vez que pasó las riendas del negocio, pudo dedicarse en cuerpo y alma al Gremio ya todos los cargos institucionales que, dentro y fuera del sector, se le ofrecieron”, explica Pifarré.
EL CONGRESO DE MANRESA
Un momento clave de la trayectoria de Llargués y en la historia de la panadería catalana fue el histórico congreso celebrado en Manresa a principios de los años ochenta. “Veníamos de una época en la que todo estaba controlado por el Estado franquista, empezando por el precio del pan y de la harina”, recuerda Jordi Morera, histórico vicepresidente del Gremio durante gran parte de la presidencia de Llargués. “Los panaderos nos queríamos avanzar a los cambios que estaban empezando, y Andreu hizo una ponencia excepcional sobre el futuro de la panadería en la que habló de la libertad de establecimiento de precios y de cómo debíamos adaptarnos a esta nueva realidad”, señala Morera, quien participó en la organización de este encuentro como asesor de Joan Eril, presidente del Gremio anterior en Llargués. “Andreu se mostró como un cerebro privilegiado de la panadería, con un bagaje cultural brutal, una gran agilidad mental, una capacidad de síntesis increíble, una memoria prodigiosa y una visión muy clara de los retos que tenía la panadería en ese momento y en el futuro”, destaca. De hecho, cuando NEWSPA le preguntó sobre los logros de los que se sentía más orgulloso de toda su trayectoria, Llargués destacó esta ponencia. “Expresé mi deseo de buscar la carrera de panadero. Para mí era muy importante que el consumidor supiera que el panadero al que va es responsable y que es una persona que le da un buen producto”, declaró.
PRESIDENTE… Y MUCHO MÁS
A partir de este Congreso, Llargués siguió ganando prestigio como orador y representante de los intereses de la panadería, hasta que en 1993 asumió el cargo de presidente del Gremio de Panaderos de la Provincia de Barcelona. “Como presidente, fue quien logró que el Gremio tuviera el prestigio que nunca antes había tenido. Actualmente, el Gremio de Panaderos de la Provincia de Barcelona es, si no el más importante de España, uno de los más destacados. Bajo su presidencia confluyeron empresas panaderas grandes, pequeñas y medianas muy diversas, pero con un mismo objetivo: hacer un buen pan. El mundo de la panadería siempre estará en deuda con él”, incide Pifarré. Desde la Presidencia, Llargués defendió con firmeza los intereses del sector durante treinta años, hasta convertirse en una figura de referencia dentro de las asociaciones gremiales, mucho más allá de Barcelona y provincia. Porque, además de ser Presidente del Gremio durante tres décadas, también ocupó la presidencia de la Federación Catalana de Asociaciones de Gremios de Panaderos desde 1997 hasta 2011. Además, entre 2013 y 2020, fue Presidente electo de la patronal española CEOPAN, que en 2017 cambió su nombre a Confederación Española de Panadería, Pastelería, Bollería y Afines (CEOPPAN), entidad que después le reconoció con el título de PRESIDENTE DE HONOR. Además, ostentó la vicepresidencia de la Unión Internacional de Panadería y Pastelería (UIBC), de la que formó parte desde 1996 y donde también ejerció el cargo de tesorero. Esto le hizo merecedor de la Insignia de Oro de esta institución. También fue miembro de los Consejos de Administración de CAPSA, de la extinguida Mutual Panadería de Cataluña y de la Mutua de Accidentes de Zaragoza (MAZ), así como miembro de la Junta Directiva de PIMEC-SEFES. Además, era socio honorífico de PIMEC, siendo miembro del Pleno de la Cámara de Comercio de Barcelona. En el ámbito local, Llargués fue presidente del Patronato de la Fundación Sanitaria Mollet. “Conocí a Andreu a principios de los noventa en un Congreso de Panadería en Barcelona”, recuerda José María Fernández del Vallado, actual secretario general de CEOPPAN, quien trató mucho a Llargués en estos años. “Recuerdo que defendía —con su habitual vehemencia— una postura con la que yo no estaba de acuerdo sobre un tema de gran debate en ese momento. A su regreso, le comenté al entonces presidente de CEOPPAN, el valenciano Enrique Martínez Mortes, que Andreu era la única persona (de entre todos los políticos, periodistas, consumidores, panaderos… que estaban inmersos en el debate ) que casi me había hecho cambiar de opinión con sus argumentos, y que debíamos llevarlo al Comité Ejecutivo de cualquier modo”, rememora. “Allí empezó una larga historia de colaboración, complicidad (no exenta de discrepancias, siempre resueltas con lealtad y altura de miras) y muchas horas de trabajo conjunto en las que no podía dejar de admirar su enorme capacidad de visión y su generosidad. Andreu siempre anteponía los intereses generales a los particulares y se sentía responsable de cada cierre y de cada crisis de las empresas de su sector. Y ahí fraguamos una amistad que ha durado hasta el final”, asegura. “Durante toda su carrera profesional, no dudó ni un solo momento en acudir a las administraciones de cualquier estamento público, fuera mundial, estatal o catalán, para defender los derechos de los panaderos y para conseguir que el pan fuera considerado un alimento esencial y saludable en nuestra dieta”, destaca Pifarré. “A pesar de ser una persona mayor y con mucha experiencia, lo que podría hacerle pensar que sus ideas estarían anticuadas, era todo lo contrario. Era una persona con una visión de futuro y con una clarividencia de cómo y hacia dónde debía evolucionar la panadería que pocos líderes asociativos, incluso los más jóvenes, tienen”, destaca por su parte Carles Cotonat, secretario general del Gremio. «Esta visión de futuro es lo que le permitió liderar el Gremio de la Provincia hacia la institución de referencia que ahora es, y dar respuesta, incluso por adelantado, a necesidades que la panadería actual demandaba, como la formación», subraya.
ESCOLA ANDREU LLARGUÉS
Su dedicación al sector siempre tuvo un eje central: la formación. Fue fundador del Centro de Formación Vapor Llonch de Sabadell en 1990 y, en 2011, de la Escuela de Panaderos Andreu Llargués, también conocida como Baking School Barcelona Sabadell, donde sentó las bases para la formación de generaciones de panaderos y pasteleros. “Fue un gran defensor del sector y un gran visionario, especialmente visualizando muy claramente la necesidad de la formación y la tecnificación. Apostó y arriesgó muchísimo, y su gran legado es la Escuela que lleva su nombre”, destaca Mònica Gregori, actual presidenta del Gremio. «Desde el Gremio luchamos mucho por tener la Escuela que tenemos hoy en día, y me siento muy orgulloso del nivel al que ha llegado la formación que impartimos y que el panadero tenga una escuela», declaraba en su última entrevista. “Para mí, el día de la inauguración de la Escola fue muy especial. Ver por sorpresa que mi nombre estaba en la placa… Siempre estaré agradecido por este hecho, pero cuando voy allí siempre pienso: ¿Qué he hecho para que tenga una escuela con mi nombre?”, se preguntaba. La responsable de que Llargués diera nombre a la Escuela fue Carme Pifarré, quien lo propuso a la Junta del Gremio para destacar su profunda e inmensa labor para mejorar la calificación del sector. “Creía firmemente en la formación como herramienta para profesionalizar el oficio de la panadería. Hoy, la escuela de formación del Gremio en la ciudad de Sabadell es reconocida mundialmente”, destaca Pifarré. «Me alegro mucho de haberle podido rendir homenaje en vida poniendo su nombre en la Escuela», declara. “¿Sabéis que el Gremio ha estrenado este mes de octubre el primer máster en Panadería Artesana de Excelencia del sector? ¿Sabéis que las master class acercan a Sabadell auténticos maestros de la panadería internacional para impartir clases en la Escola de Flequers Andreu Llargués? ¿Sabéis que tiene a su alcance formación panadería y pastelera, pero también formación en gestión, estrategia, marketing y escaparatismo, entre otros? No deje de aprovechar todos estos recursos a su alcance para alcanzar la excelencia”, animaba Llargués a los panaderos en uno de sus editoriales hace unos años.
EL RELEVO
Su última contribución al Gremio y al sector fue la manera impecable como se marchó y preparó su relevo, que se oficializó durante la Noche del Pan del año 2023, en el recinto modernista del Hospital Sant Pau, un lugar lleno de historia, una de sus grandes pasiones. “En el ámbito personal era una persona que se hacía querer y respetar mucho. Era como una biblioteca, tenía muchos conocimientos de historia y siempre sabía contar lo ocurrido décadas antes. Era como un libro abierto y un pozo de sabiduría”, destaca su sucesora, MÒNICA GREGORI, quien incide en la buena sintonía con su predecesor. “Hablamos el mismo idioma. Teníamos una visión compartida del sector y la misma opinión sobre casi todos los temas que afectan a la panadería. Compartíamos la búsqueda del bien común del sector por encima de las necesidades e intereses individuales”, explica. “Su figura me ha influido muchísimo”, reconoce Mònica, quien recuerda la forma en que Llargués la fue convenciendo de que ella debía ser el relevo. «Cuando me lo dijo me pareció una locura, pero él lo tenía muy claro y fue muy persistente», asegura. “Siempre me dio mucha confianza y seguridad, y me demostró que creía mucho en mí. Y una vez que fui Presidenta, me ayudó en todo momento, me puso en contexto y me explicó la dimensión histórica de las cosas, todo lo ocurrido décadas antes, para transmitir su visión amplia”, añade. Andreu Llargués deja un legado de respeto y admiración dentro de la comunidad panadera y empresarial, pero también un recuerdo imborrable entre aquellos que le conocieron y siempre le tendrán en su corazón como un maestro, un líder y un amigo. “Andreu era ingenioso, culto, divertido, cercano, amante de su familia y de sus amigos, y le encantaba disfrutar de la vida”, recuerda Fernández del Vallado. “Si echaba de menos a alguien, era su madre, a la que perdió muy pronto y me explicaba que en Montserrat echaba consuelo para su dolor. Ahora ya se ha reunido con ella y nos estará mirando, fumando un buen habano y moviendo desde allí -genio y figura- los resortes necesarios para que a sus seres queridos les vaya todo bien”, dice. “Andreu tenía una actitud increíble”, destaca Morera. “Yo le vi hace muchos años en Madrid hablando con una ministra de Agricultura, que le dijo: ‘¡Hombre, un catalán! Difícilmente nos pondremos de acuerdo”. Y él respondió, haciendo gala de su rapidez, habilidad y buen talante: “¿Cómo que no? ¡Su jamón y mi pan hacen un maridaje estupendo!’. A partir de ese momento, la ministra, siempre que organizaba una reunión que afectara a la panadería, quería que estuviera presente ‘el señor panadero’, como la llamaba. Esto demuestra el carisma y la inteligencia de Llargués, que siempre tenía una actitud positiva y muy educada en defensa de los intereses de la panadería”, asegura. “Andreu Llargués ha sido una persona generosa, afable y cordial, trabajadora y tenaz, que transmitía su entusiasmo a todos los que le rodeaban. Nada le detenía a la hora de conseguir mejoras para el sector. Su mente, clara y emprendedora, le convertía en un referente para todos sus compañeros de oficio”, declara Pifarré. “Nos ha dejado un enamorado del pan, un gran defensor del oficio, un panadero de cuarta generación que dedicó toda su vida a promover la panadería artesana en todo el mundo. Creo que todos mis compañeros y compañeras del Gremio estarían de acuerdo en que, aún más que el presidente Llargués, echaremos de menos a la persona de Andreu, quien siempre tenía una sonrisa para todos, una palabra amable y algún comentario lleno de ‘ironía que nos provocaba una sonrisa”, añade. “Personalmente, creo que debería acordársela como un dirigente gremial que siempre tuvo la defensa de la panadería como su sentido de vivir. Demostró una capacidad de trabajo, de compromiso y de sacrificio por el sector difícil de igualar. Tenía una visión muy profunda y amplia, y supo aglutinar todas las visiones del sector para unirlo y fortalecerle. Recuerdo una de sus frases que más repetía: ‘¡todo el pan es bueno y el mío es el mejor!’”, rememora Carles Cotonat, quien añade que “difícilmente podríamos entender la evolución positiva que ha experimentado la panadería y el pan en estas últimas décadas sin la figura del señor Llargués. Quizás la mejor manera es recordarle como un panadero que trabajó para los panaderos, que supo predecir y adelantarse a las necesidades de la panadería moderna para defenderla con contundencia, pero con actitud positiva y elegancia”, concluye. «Yo creo que he hecho lo que la conciencia me pedía que hiciera y lo que creía que el sector necesitaba», declaraba en su última entrevista, en las páginas de NEWSPA. Y añadía: «siempre he dicho que, en el momento en que perdiera la ilusión por defender el sector, se marcharía». Y, de hecho, nunca se marchó.
De alguna manera, Andreu Llargués seguirá siempre con nosotros.!!
Es una publicación de NEWSPA, canal de comunicación del Gremi de Flequers de la Província de Barcelona.




