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INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y REPOSTERÍA

MATTEO CUNSOLO, un profesional internacionalmente reconocido, quien es Presidente del Richemont Club Italia, ha elaborado un interesante y valioso documento en el que dice que la Inteligencia Artificial puede apoyar la panificación artesanal en la gestión y la comunicación, sin sustituir a los humanos, solo como una herramienta al servicio de la identidad. “El pan aún requiere manos, tiempo y corazón. Se puede innovar sin perder el alma”. Cuando hablamos de inteligencia artificial, a menudo surge una mezcla de entusiasmo y temor. La novedad, como sabemos, suele asustar. Pero creo que toda innovación debe primero comprenderse, luego evaluarse y, finalmente, si tiene sentido, aceptarse. Incluso en nuestra profesión , arraigada en la tradición y nutrida por gestos ancestrales, hay espacio para la modernidad . La inteligencia artificial no es una excepción: puede convertirse en un aliado , siempre que se utilice con conciencia y respeto por nuestra identidad artesanal .

CADA REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA TIENE SU TIEMPO

No es la primera vez que nos enfrentamos a cambios radicales. Pienso en la llegada de internet , el uso del correo electrónico , el nacimiento de las redes sociales y el comercio electrónico. Todas ellas herramientas que inicialmente parecían ajenas a nuestro mundo, pero que, con el tiempo, han demostrado ser útiles , incluso indispensables . Hoy le toca el turno a la IA: no podemos ignorarla. Necesitamos comprender qué puede hacer por nosotros y cómo usarla inteligentemente. En mi laboratorio , por ejemplo, ya veo algunas aplicaciones interesantes. Gestión de almacenes, control de costes, previsión de la demanda, programación de la producción: todas estas son actividades que pueden optimizarse gracias a la IA. No hablamos de una máquina que amasa u hornea, sino de un sistema capaz de analizar datos complejos y respaldar decisiones estratégicas. Esto significa trabajar mejor, reducir el desperdicio y simplificar la burocracia. En una palabra: evolucionar .

EL CORAZÓN DE LA PROFESIÓN SIGUE SIENDO HUMANO.

Por supuesto, cuando llegamos a la esencia de nuestro oficio, lo que hacemos con nuestras manos y nuestras narices, como suelo decir, la IA no puede (ni debe) reemplazarnos. La masa se puede sentir, ver y oír. Las condiciones ambientales, el microclima del laboratorio, la humedad, las materias primas: todas estas son variables que una máquina no puede interpretar por completo. Un algoritmo puede sugerir una receta, pero no puede adaptarla al contexto ni captar sus matices. Aquí es donde entra el artesano, con su sensibilidad y experiencia. Incluso en el proceso creativo, la IA puede aportar ideas, como sugerir maridajes, equilibrar proporciones o proponer nuevas recetas, pero siempre será el panadero quien marque la diferencia. Es un poco como en la cocina: se puede tener la tecnología más avanzada, pero si falta la habilidad, todo falla. El riesgo, al depender demasiado de las máquinas, es producir un pan sin alma, estandarizado, igual a mil otros. Y esto, para quienes hacen de la identidad su seña de identidad, sería un error.

LA IA COMO AYUDA A LA COMUNICACIÓN

Como presidente del Richemont Club Italia y de la Asociación de Panaderos Confcommercio de Milán y sus Provincias, a menudo hablo de estos temas con mis colegas. No percibo miedo, sino una mezcla de curiosidad y cautela. Muchos se acercan a la IA, especialmente para comprender su utilidad en la gestión. El problema es que a menudo no se sabe por dónde empezar. Por eso creo que la formación es esencial: solo entendiendo la herramienta se puede decidir si usarla y cómo. La inteligencia artificial también puede ayudar a comunicar nuestro trabajo. Pienso en la posibilidad de crear contenido , organizar la información y transmitir mejor nuestra identidad. Pero cuidado: la IA reelabora lo que le decimos. Si falta un mensaje contundente, una visión o una identidad clara, el algoritmo no puede inventarlo. Una vez más, todo empieza con nosotros. A un joven panadero interesado en la IA, pero que teme que distorsione el oficio, le diría que no tenga miedo. Estúdiela, explórela y comprenda dónde puede ser útil. Pero recuerde también que el pan se hace con las manos, con el tiempo y con la intuición. Y que nada, ninguna tecnología, por avanzada que sea, podrá reemplazar la calidez humana que hay detrás del gesto de un artesano.

LA IA DEBERÍA SIMPLIFICAR, NO REEMPLAZAR

La inteligencia artificial debe manejarse con cuidado, como si fuera una masa delicada. Confiémosle lo racional, lo repetitivo y lo numérico. En cambio, dejémonos en manos de nosotros mismos todo lo que es emoción, amor y dedicación. La tecnología debe simplificar, no reemplazar. Y siempre debe responder a una necesidad real. Porque ninguna innovación tiene sentido si no sirve para mejorar la vida de las personas. Y, por último, desmentiremos otro mito: el de la privacidad y las recetas «robadas». En repostería, se inventa poco. Cada nueva receta suele ser una variación de algo ya existente. La verdadera diferencia radica en cómo la hacemos, cómo la interpretamos, cómo la contamos . La originalidad no solo reside en la idea, sino en su ejecución . Y esto, una vez más, es una cuestión humana .

PAN, ALGORITMOS Y HUMANIDAD

Vivimos en una era de grandes cambios. Vivimos en una aldea global donde todo avanza a gran velocidad, pero no debemos perder el rumbo. El pan es un producto simple y profundo. Requiere tiempo, atención y cuidado. Y, sobre todo, requiere humanidad. Los algoritmos nos ayudarán, sí. Pero seguiremos haciendo pan, el pan de verdad.